Dentro de las decenas de hinchas del F.C.
Barcelona que hubo en la terraza de ‘Donde Ciro’, el día del Superclásico entre
Barcelona y Real Madrid por la Supercopa de España, están aquellos que no se
destacan precisamente entre la masa ni por sus ‘casacas’ –ni clásicas ni
últimos modelos– ni por sus fervientes y constantes gritos de alegría o
abucheo. De hecho no se destacan. Prefieren pasar desapercibidos quedándose
callados, mirando atentamente cada gambeta, cada pase o cada exquisito control
de balón que realiza cualquiera de los veintidós jugadores en el campo y
molestándose visiblemente ante el algarabío del gentío o las repetidas
levantadas de los asientos de los impacientes que esperan ansiosamente el gol.
Son pocos estos introvertidos aficionados que gozan más con el fútbol que con
la rivalidad –¿ideológica, histórica, cultural?– a distancia que supone ser
hincha de un equipo de otro país. Pero son tan fuertes las fuerzas
socioculturales que ejercen estas dos ‘meta-entidades’ sobre la gente en todo
el planeta que la rivalidad Barcelona-Madrid o Cataluña-España o Francisco
Franco-Tercera República ha atraído y atrae a cada vez más gente a su órbita.
Mateo Luna Navia es un perfecto ejemplo del
impacto de estas fuerzas sobre las personas de otros países. Estudioso
Literario y futurible comunicador social de la Pontificia Universidad Javeriana
de Bogotá, veintiún años de edad e hincha del F.C. Barcelona desde los 10 años.
No es el típico seguidor con camisas número 10 de Messi o de Ronaldinho, es un
hincha más bien tradicional que disfruta viendo fútbol del más alto nivel y que
no conoce equipo al que odie más que al Real Madrid. De hecho, cree que es
hincha del Barcelona más por la aversión que siente por el Real Madrid que por
inclinación voluntaria hacia el Barça. Recuerda que en los primeros años de
este siglo, (’01, ’02, ’03) cuando el Real Madrid comenzó a fichar futbolistas
estelares por millones de Euros (Ronaldo, Zidane, Beckham, Figo, Owen…), fue
cuando inició su camino blaugrana. Detestaba esa política de fichajes
financiados con el marketing de
ventas de camisetas o tures por el estadio y los museos de trofeos, y, en
contrapartida al imperio del balompié en esa época, descubrió al equipo culé.
Mateo dice que su inclinación por el equipo
catalán se vio reforzada por los jugadores holandeses que militaban en el Barça
en : Overmars, Frank de Boer, Cocu, Kluivert, Zenden e incluso Frank Rijkaard,
el entrenador durante una época. Siempre le gustó el mito de la ‘Naranja
Mecánica’ de Cruyff y desde pequeño iba por Holanda en los mundiales. Contó que
cada vez que jugaba ‘Winning Eleven’ en el Play Station elegía a Holanda para
jugar. Tampoco se olvida de la calidad de Rivaldo que iluminaba su retina
futbolística o el control del juego en el mediocampo de Pep Guardiola, incluso
recuerda las fugaces apariciones de Egdar Davis o Juan Román Riquelme. Puedo
decir que estuve hablando con un hincha enterado, que recorbada una enorme cantidad de partidos
tanto históricos como olvidados, estadísticas de goleadores y títulos o nombres
de entrenadores.
Lo que a mi parecer resulta más interesante
de Mateo es que no sólo sigue el fútbol sino que lo practica desde que puede
caminar. Siempre jugó en el equipo de su colegio (Colegio Italiano Leonardo Da
Vinci) y desde sus 12 años inició su carrera futbolística en la escuela e
fútbol Fair Play de Bogotá. Allí jugó la Liga de Bogotá en varias ocasiones e
incluso, cuenta, ganó una de ellas proclamándose encima goleador del torneo.
Además –me cuenta emocionado– jugó una vez al lado de Radamel Falcao García que
en ese entonces era unos 4 o 5 años mayor que él. Decidamente asocié su pasión
por jugar fútbol con aquella atenta, concentrada y deseosa mirada que fijaba al
televisor mientras veía jugar a los dos equipos en la terraza de Ciro.
Arbitrariamente hice la relación entre su no participación en los abucheos y
gracias de la gente con su pasión por el fútbol como deporte y no como espectáculo
global de publicidad, marketing y
moda.
Me interesa esta relación y quisiera encontrar
más de este tipo de hinchas poco comunes.
En esta ocasión se describe a las personas y destaca que son menos quienes no destacan (esto mismo sucede con las tribus urbanas, que a pesar de destacar más, somos menos quienes no estamos afiliados a un estilo particular). Tienen muy buenas observaciones, tales como el hecho de que gozan más del fútbol que con la rivalidad y eso cabe tanto en una descripción como un análisis, como sucede con el hecho de que la rivalidad sea también una posición basada en la oposición. Ligado a lo anterior, podrían entonces contrastar/comparar este grupo de personas con las barras de fútbol nacional. Por último, han expuesto un acercamiento con Mateo en quien podemos ver la relación entre ver y jugar fútbol, de hecho, podrían profundizar en este tema. Una muy buena descripción etnográfica.
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