Durante cuatros meses hemos venido trabajando sobre un grupo
de personas aparentemente fácil de segmentar: hinchas del F.C. Barcelona en
Bogotá. Es así de sencillo, se es o no se es hincha. Punto. Son numerosos los
aficionados a este equipo –quizá el más popular de esta década, no solo en
Europa sino en el mundo entero–, por lo que no se deberían presentar mayores
inconvenientes a la hora de hacer un trabajo de campo o una etnografía. Incluso,
hemos tenido otra gran facilidad: la mayoría de estos hinchas –cabe aclarar, o
mejor enturbiar, que la palabra ‘hincha’ no define muy bien su propia esencia,
pero a eso llegaremos más adelante– tiene nuestra edad (entre 18 y 30 años) y,
además, muchos de ellos estudian en la universidad. Así pues, el estilo de vida
que estamos analizando desde un punto de vista antropológico y sociológico se
parece mucho al nuestro. Todo apuntaba a que no tendríamos inconvenientes en
nuestros estudios y que podríamos hacer un buen trabajo.
El objetivo del estudio etnográfico sobre los hinchas del
Barça en Bogotá es diseñarles a estos ‘algo’,
bien sea para el consumo, el mercado, el bienestar común, para mejorar alguna
situación o, en fin, diseñar algo para los aficionados. Pero existen muchas
maneras de ser hincha –una de ellas es la curiosa forma contemporánea del
‘tele-hincha’ o ‘hincha a distancia’ que hemos analizado– y eso conlleva a que
existan también muchas maneras de entender el fútbol, las aficiones y los
encuentros sociales alrededor del tema. De tal manera, uno de los primeros
pasos en nuestra investigación fue definir al hincha. ¿Qué lo hace hincha? ¿Por
qué se es hincha? ¿Cómo se desenvuelve como hincha?
Sin embargo, deberíamos hablar antes del fútbol en general,
a grandes rasgos, y luego entrar en el detalle del hincha.
El fútbol es quizá el deporte que más ha crecido a nivel
global en los últimos 100 años, y ha sufrido cambios que le han ayudado a
convertirse en el equivalente moderno de las luchas greco-romanas y los antiguos
Juegos Olímpicos. Es la nueva cuna de leyendas, mitos y semidioses que
campalmente batallan por hacerse a la victoria; pero también es el nuevo ‘pan y
circo’ u ‘opio del pueblo’ que aletarga y curiosamente también despierta a
masas. Hoy en día es uno de los negocios más grandes del planeta y su máximo
organismo, la FIFA, posee un estatus similar al de la ONU (algunos países
prefieren ingresar antes a la FIFA que ser aceptados por la ONU, es el caso de
Islas Salomón). Casi todos los países del planeta tienen una liga nacional que
se disputa todos los años y/o una selección nacional de fútbol que compite por
entrar en los grandes torneos continentales y mundiales. El balompié ya no es
solo un deporte, es un metasujeto que
ha logrado inmiscuirse en una gigantesca porción de la vida de los humanos en
la Tierra.
Creo que ha llegado a todo el mundo, en gran medida, por su
simplicidad. Es fácil de jugar: no se necesita nada más que un objeto al cual
darle patadas y dos piernas para poder correr detrás de aquél; se puede jugar
sobre asfalto, césped o gravilla, y sobre muchísimas otras superficies
medianamente regulares y duras; se puede jugar solo o con más personas y, en un
primer plano, no requiere de talento o disciplina para practicarlo. Además
tiene algo que no es común en los deportes en general: las manos están
prohibidas (claro está que el arquero en un juego normal de fútbol sí las usa;
en general, el fútbol es con el pie, foot-ball)
y eso le da un carácter diferenciador único respecto a la inmensa mayoría de
deportes. Me atrevería a especular una cosa más, y es que el fútbol ha crecido
como lo ha hecho porque el hecho de dar patadas nos complace profundamente,
hace que liberemos mucha más energía y fuerza en un solo golpe que haciéndolo
con las manos o brazos. Pero repito, es una especulación tan intuitiva como
frágil.
Pasemos a la otra cara de la moneda del balompié. No solo se
trata de un deporte en el cual se compite, se juega, se divierte, se gana o se
pierde, se trata de un fenómeno socio-cultural de escala global que involucra
más gente que la que lo practica. Basta con analizar al F.C. Barcelona, y por
ejemplo, vemos que, además del fútbol, tiene equipo para muchísimas otras
disciplinas (baloncesto, balonmano, fútbol sala y todo esto tanto masculino
como femenino), tiene alianzas con fundaciones como UNICEF y Qatar Foundation e
históricamente ha sido uno de los símbolos del movimiento independista catalán
y, hoy en día, es uno de los clubes con mayores utilidades anuales en todo el
mundo (cercanas a los 500 millones de Euros al año). En este orden de ideas, ya
habríamos relacionado a millones de personas con un único nodo en común: el
F.C. Barcelona. Y ahora bien, por fin, faltarían sus seguidores, sus
aficionados, sus hinchas y sus admiradores.
Como el F.C. Barcelona es un club español de la comunidad
autónoma de Cataluña, sus fieles seguidores son, a primera vista, catalanes de
Barcelona que siguen al equipo de su ciudad (también está el RCD Espanyol).
Pero históricamente existe un hecho crucial que divide a España en dos bandos:
la dictadura de Francisco Franco durante casi cuarenta años hizo que España se
dividiera futbolísticamente entre el Real Madrid C.F. y todos los demás. Sin
embargo, solo fue el F.C. Barcelona el que pudo hacer frente al Real Madrid (si
vemos el palmarés general de la liga española notaremos que el Barcelona y el
Madrid se han quedado con 80% de los títulos totales) y por ello ha crecido esa
rivalidad acérrima hasta el punto en el que lo vivimos hoy.
Junto y paralelo a todo el contexto futbolístico de España,
ha crecido, sobre todo en los últimos 20 años, otro tipo de fanaticada
fundamentalmente diferente: los seguidores de otros países, aquéllos que hemos
venido llamando ‘hinchas a distancia’. Son aficionados de un equipo al que, en
muchos casos, jamás han visto jugar en vivo, jamás han ido al estadio y muy
probablemente ni siquiera han ido a la ciudad de donde es el quipo. En el caso
de los colombianos lo único en común es el idioma y un pasado remoto y
fracturado. Pero no por ello no son hinchas o aficionados, sino que son otra
especie de la fauna fanática abismalmente diferente de los ’auténticos’ culés.
Son hinchas debido a los medios de comunicación masivos (televisión, radio,
prensa, internet, entre otros) que les posibilitan ver los partidos, opinar
acerca de los partidos y tomar partido de estos hechos globales. Pero estos
hinchas no se identifican con Cataluña, ni contra España o contra Franco, tampoco
heredaron su devoción de la familia, más bien su postura se ha formado a partir
de las noticias en televisión y en periódicos, de los comentarios y artículos
que los periodistas hacen respecto a estas entidades. Es un ejemplo perfecto de
la influencia de las modas posmodernas y de la globalización sobre nuestros
estilos de vida.
Ahora bien, por último debemos sintetizar las observaciones
que hemos realizado acerca de los hinchas bogotanos del Barça. Existe un punto
en el que convergen casi la totalidad de los hinchas: los partidos se ven por
televisión y, por lo tanto, es un evento de consumo masivo. Todos los partidos
que vimos con cada uno de los hinchas, los vimos frente a un televisor, como no
podía ser de otra manera. Pero dentro de este hecho, existe otro punto
convergente en la mayoría de hinchas: mientras se ve el partido se consume algo
de beber y/ o algo de comer. Un hecho casi que inevitable frente a un
espectáculo por televisión. Pero además, cabe resaltar, la mayoría de bebidas
que se consumen en este tiempo son bebidas alcohólicas. Aparte de estos tres
hechos cruciales, es dificilísimo encontrar más convergencias, ya que los
‘tele-hinchas’ son tan diferentes entre ellos como lo es la gente en general,
sin segmentaciones poblacionales. Es decir, cada cual tiene su propia vida con
su propia familia, cada cual le gusta otra música, otra comida y otras
necesidades en general.
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