viernes, 30 de noviembre de 2012

Sintetizando.



Durante cuatros meses hemos venido trabajando sobre un grupo de personas aparentemente fácil de segmentar: hinchas del F.C. Barcelona en Bogotá. Es así de sencillo, se es o no se es hincha. Punto. Son numerosos los aficionados a este equipo –quizá el más popular de esta década, no solo en Europa sino en el mundo entero–, por lo que no se deberían presentar mayores inconvenientes a la hora de hacer un trabajo de campo o una etnografía. Incluso, hemos tenido otra gran facilidad: la mayoría de estos hinchas –cabe aclarar, o mejor enturbiar, que la palabra ‘hincha’ no define muy bien su propia esencia, pero a eso llegaremos más adelante– tiene nuestra edad (entre 18 y 30 años) y, además, muchos de ellos estudian en la universidad. Así pues, el estilo de vida que estamos analizando desde un punto de vista antropológico y sociológico se parece mucho al nuestro. Todo apuntaba a que no tendríamos inconvenientes en nuestros estudios y que podríamos hacer un buen trabajo.

El objetivo del estudio etnográfico sobre los hinchas del Barça en Bogotá es diseñarles  a estos ‘algo’, bien sea para el consumo, el mercado, el bienestar común, para mejorar alguna situación o, en fin, diseñar algo para los aficionados. Pero existen muchas maneras de ser hincha –una de ellas es la curiosa forma contemporánea del ‘tele-hincha’ o ‘hincha a distancia’ que hemos analizado– y eso conlleva a que existan también muchas maneras de entender el fútbol, las aficiones y los encuentros sociales alrededor del tema. De tal manera, uno de los primeros pasos en nuestra investigación fue definir al hincha. ¿Qué lo hace hincha? ¿Por qué se es hincha? ¿Cómo se desenvuelve como hincha?

Sin embargo, deberíamos hablar antes del fútbol en general, a grandes rasgos, y luego entrar en el detalle del hincha.

El fútbol es quizá el deporte que más ha crecido a nivel global en los últimos 100 años, y ha sufrido cambios que le han ayudado a convertirse en el equivalente moderno de las luchas greco-romanas y los antiguos Juegos Olímpicos. Es la nueva cuna de leyendas, mitos y semidioses que campalmente batallan por hacerse a la victoria; pero también es el nuevo ‘pan y circo’ u ‘opio del pueblo’ que aletarga y curiosamente también despierta a masas. Hoy en día es uno de los negocios más grandes del planeta y su máximo organismo, la FIFA, posee un estatus similar al de la ONU (algunos países prefieren ingresar antes a la FIFA que ser aceptados por la ONU, es el caso de Islas Salomón). Casi todos los países del planeta tienen una liga nacional que se disputa todos los años y/o una selección nacional de fútbol que compite por entrar en los grandes torneos continentales y mundiales. El balompié ya no es solo un deporte, es un metasujeto que ha logrado inmiscuirse en una gigantesca porción de la vida de los humanos en la Tierra.

Creo que ha llegado a todo el mundo, en gran medida, por su simplicidad. Es fácil de jugar: no se necesita nada más que un objeto al cual darle patadas y dos piernas para poder correr detrás de aquél; se puede jugar sobre asfalto, césped o gravilla, y sobre muchísimas otras superficies medianamente regulares y duras; se puede jugar solo o con más personas y, en un primer plano, no requiere de talento o disciplina para practicarlo. Además tiene algo que no es común en los deportes en general: las manos están prohibidas (claro está que el arquero en un juego normal de fútbol sí las usa; en general, el fútbol es con el pie, foot-ball) y eso le da un carácter diferenciador único respecto a la inmensa mayoría de deportes. Me atrevería a especular una cosa más, y es que el fútbol ha crecido como lo ha hecho porque el hecho de dar patadas nos complace profundamente, hace que liberemos mucha más energía y fuerza en un solo golpe que haciéndolo con las manos o brazos. Pero repito, es una especulación tan intuitiva como frágil.

Pasemos a la otra cara de la moneda del balompié. No solo se trata de un deporte en el cual se compite, se juega, se divierte, se gana o se pierde, se trata de un fenómeno socio-cultural de escala global que involucra más gente que la que lo practica. Basta con analizar al F.C. Barcelona, y por ejemplo, vemos que, además del fútbol, tiene equipo para muchísimas otras disciplinas (baloncesto, balonmano, fútbol sala y todo esto tanto masculino como femenino), tiene alianzas con fundaciones como UNICEF y Qatar Foundation e históricamente ha sido uno de los símbolos del movimiento independista catalán y, hoy en día, es uno de los clubes con mayores utilidades anuales en todo el mundo (cercanas a los 500 millones de Euros al año). En este orden de ideas, ya habríamos relacionado a millones de personas con un único nodo en común: el F.C. Barcelona. Y ahora bien, por fin, faltarían sus seguidores, sus aficionados, sus hinchas y sus admiradores.
Como el F.C. Barcelona es un club español de la comunidad autónoma de Cataluña, sus fieles seguidores son, a primera vista, catalanes de Barcelona que siguen al equipo de su ciudad (también está el RCD Espanyol). Pero históricamente existe un hecho crucial que divide a España en dos bandos: la dictadura de Francisco Franco durante casi cuarenta años hizo que España se dividiera futbolísticamente entre el Real Madrid C.F. y todos los demás. Sin embargo, solo fue el F.C. Barcelona el que pudo hacer frente al Real Madrid (si vemos el palmarés general de la liga española notaremos que el Barcelona y el Madrid se han quedado con 80% de los títulos totales) y por ello ha crecido esa rivalidad acérrima hasta el punto en el que lo vivimos hoy.

Junto y paralelo a todo el contexto futbolístico de España, ha crecido, sobre todo en los últimos 20 años, otro tipo de fanaticada fundamentalmente diferente: los seguidores de otros países, aquéllos que hemos venido llamando ‘hinchas a distancia’. Son aficionados de un equipo al que, en muchos casos, jamás han visto jugar en vivo, jamás han ido al estadio y muy probablemente ni siquiera han ido a la ciudad de donde es el quipo. En el caso de los colombianos lo único en común es el idioma y un pasado remoto y fracturado. Pero no por ello no son hinchas o aficionados, sino que son otra especie de la fauna fanática abismalmente diferente de los ’auténticos’ culés. Son hinchas debido a los medios de comunicación masivos (televisión, radio, prensa, internet, entre otros) que les posibilitan ver los partidos, opinar acerca de los partidos y tomar partido de estos hechos globales. Pero estos hinchas no se identifican con Cataluña, ni contra España o contra Franco, tampoco heredaron su devoción de la familia, más bien su postura se ha formado a partir de las noticias en televisión y en periódicos, de los comentarios y artículos que los periodistas hacen respecto a estas entidades. Es un ejemplo perfecto de la influencia de las modas posmodernas y de la globalización sobre nuestros estilos de vida.

Ahora bien, por último debemos sintetizar las observaciones que hemos realizado acerca de los hinchas bogotanos del Barça. Existe un punto en el que convergen casi la totalidad de los hinchas: los partidos se ven por televisión y, por lo tanto, es un evento de consumo masivo. Todos los partidos que vimos con cada uno de los hinchas, los vimos frente a un televisor, como no podía ser de otra manera. Pero dentro de este hecho, existe otro punto convergente en la mayoría de hinchas: mientras se ve el partido se consume algo de beber y/ o algo de comer. Un hecho casi que inevitable frente a un espectáculo por televisión. Pero además, cabe resaltar, la mayoría de bebidas que se consumen en este tiempo son bebidas alcohólicas. Aparte de estos tres hechos cruciales, es dificilísimo encontrar más convergencias, ya que los ‘tele-hinchas’ son tan diferentes entre ellos como lo es la gente en general, sin segmentaciones poblacionales. Es decir, cada cual tiene su propia vida con su propia familia, cada cual le gusta otra música, otra comida y otras necesidades en general. 

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